La casa de ladrillo,
repintada en cuatro tierras.
Una refacción de tres semanas en una casa de los años cuarenta sobre la calle Alberti. La paleta arrancó en un mate y terminó en cuatro baldes de Sand, Clay, Bone y un golpe de azul Vetex en el zócalo.
Marina y Federico compraron la casa en 2022 sin saber del todo qué estaban comprando. Era una casa de la familia de Federico, abandonada hacía siete años, con humedad en tres paredes y una cocina con azulejos verdes que nadie quería tocar. La promesa, igual, estaba clara: ladrillo a la vista en la fachada, techos de tres metros, una galería interna con baldosas calcáreas que sobrevivieron sin un rayón.
El primer color que apareció no fue una pintura. Fue un mate. Marina dejó el mate sobre una mesa de madera al sol y notó que el color del mate y el color del revoque viejo de la pared eran exactamente el mismo. "Quiero todo así", dijo. "Todo color mate".
Esa fue la conversación que abrió la obra. Llegamos a la casa con tres muestras pintadas en cartón: Sand, Clay y un tercero que Marina rechazó en treinta segundos por demasiado anaranjado. Probamos los dos restantes sobre la pared norte del comedor, que es la que recibe luz toda la mañana. A las once de la mañana ganó Sand. A las cuatro de la tarde, con la luz más cálida, ganó Clay. Pintamos las dos.
El criterio fue simple: Sand para los ambientes que se usan de día —comedor, living, cocina—; Clay para los de noche —dormitorio, escritorio, baño en suite—. El Bone quedó reservado para los techos, porque blanco puro nunca convenció a nadie en esta casa. El Linen apareció recién en la última semana, para las molduras del comedor, una decisión de Marina al ver las primeras manos secas y pedir "algo todavía más claro pero que no sea blanco".
El azul es la única traición voluntaria a la paleta tierra. Federico insistió. "Tiene que haber algo que no sea marrón en alguna parte". Apareció en el zócalo del comedor, en la puerta del baño y en una sola pared del estudio. Es el azul más profundo de Vetex, el mismo del logo, y funciona como un acento que no compite con nada porque está bajo, en los rodapiés, escondido.
La obra duró veintiún días, dos más de los previstos. La cocina con azulejos verdes sigue siendo la cocina con azulejos verdes: nadie los tocó. Marina pintó los marcos de las ventanas en Bone y dijo que con eso alcanzaba.